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El caldillo de pintarroja nació en los bares y tabernas malagueñas.
Esta sopa se elabora con algunos de los ingredientes más populares y modestos de la cocina tradicional. Productos sencillo, de los que siempre han estado al alcance de las familias más humildes, aunque hoy en día algunos de ellos hayan dejado de ser tan económicos y tengan poco de humilde.
Antiguamente, en muchos bares y tabernas de Málaga era habitual ofrecer este caldillo como tapa, servido en pequeñas tazas de café. Se preparaba bien caliente, y por lo general, bastante picante. Su intensidad invitaba a los clientes a apagar el ardor con otro sorbo de vino, convirtiendo aquella sencilla sopa en una compañera inseparable de las tertulias y los ratos de taberna.
Era una cocina sin artificios, nacida del ingenio popular y de la necesidad de aprovechar los productos disponibles. Una receta humilde, sabrosa y reconfortante que, con muy poco, conseguían mucho.
Con el paso del tiempo, esta costumbre ha ido desapareciendo y cada vez resulta más difícil encontrar este caldillo en los bares de Málaga. Sin embargo, la receta no ha caído en el olvido; ha encontrado un nuevo espacio en la gastronomía actual y, curiosamente, ha pasado de las humildes barras de las tabernas a las cartas de algunos de los mejores restaurantes, donde se recupera y reivindica como parte del patrimonio culinario malagueño.Porque hay platos que no necesitan grandes ingredientes ni elaboraciones sofisticadas para contar una historia. Basta una taza de este caldillo para viajar a aquellos bares de siempre, donde la cocina popular tenía sabor, carácter y memoria.
La pintarroja, ingrediente principal de esta sopa es un pequeño tiburón inofensivo, que antaño abundaba en los barcos pesqueros malagueños.
Esta receta es del famoso libro de Fernando Rueda “Cocina popular malagueña”
Ingredientes:
Modo de hacerlo:
En la sartén pongo el aceite y frío las almendras, el pan y los ajos; cuando están doraditos los saco y en el mismo aceite sofrío el pimiento y el tomate.
Pongo las almendras y el sofrito en la batidora y lo trituro hasta conseguir una pasta.
En una cacerola pongo el agua a hervir y echo las almejas, la pintarroja, el azafrán , la sal, la pimienta molida y la guindilla. Lo dejo hervir unos minutos y añado el triturado de las almendras.
Lo dejo hervir a fuego medio hasta que la pintarroja esté tierna.
Se sirve muy caliente, con una ramita de hierbabuena, y un chorreón de limón.
Y ya sabes, si te animas a preparar esta receta y quieres compartir conmigo una foto del resultado, estaré encantada de recibirla.
Nada me hace más ilusión que ver como mis recetas cobran vida en otras cocinas, con el toque personal de cada mano que las prepara. Porque la cocina, al fin y al cabo, es eso: un puente que nos une, una manera de compartir sabores, recuerdos y momentos alrededor de la mesa.
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